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11-S: la cronología de los cuatro vuelos y las preguntas que aún persisten


El 11 de septiembre de 2001, cuatro aviones comerciales fueron secuestrados en territorio estadounidense en menos de dos horas. Dos impactaron contra las Torres Gemelas de Nueva York, uno contra el Pentágono y un cuarto cayó en Pensilvania. A partir de ese momento, la narrativa oficial sostuvo que el país fue sorprendido por un ataque sin precedentes.


Sin embargo, más de dos décadas después, investigadores, exmilitares, controladores aéreos y analistas continúan señalando inconsistencias en la respuesta de defensa aérea de aquella mañana. La principal pregunta sigue siendo la misma:


¿cómo pudo fallar simultáneamente el sistema de interceptación más sofisticado del mundo?



El vuelo 11: la primera alarma


A las 8:20 de la mañana, una azafata del vuelo 11 de American Airlines informó por teléfono que el avión había sido secuestrado. Según los protocolos vigentes, una pérdida de comunicación o un posible secuestro activaban automáticamente la coordinación entre la FAA (Administración Federal de Aviación) y el NORAD (Comando Norteamericano de Defensa Aeroespacial), incluyendo el envío inmediato de cazas.


Pero eso no ocurrió.



El NORAD no fue notificado hasta aproximadamente las 8:40. Seis minutos más tarde, a las 8:46, el avión impactó contra la Torre Norte del World Trade Center. Los cazas despegaron exactamente en el momento del impacto.

La demora nunca fue explicada de forma convincente.


El vuelo 175: el segundo aviso ignorado


A las 8:43, el control aéreo de Boston notificó que otro avión, el vuelo 175, también había sido secuestrado. Según testimonios posteriores de controladores aéreos, el NORAD fue informado inmediatamente.


Sin embargo, la Comisión del 11-S concluyó posteriormente que el NORAD no supo del secuestro hasta las 9:03, prácticamente el mismo momento en que el avión impactó la Torre Sur.



Esto dejó una contradicción fundamental: o el NORAD fue avisado con casi 20 minutos de margen y no actuó, o la cronología oficial fue modificada después de los hechos.


La explicación ofrecida por las autoridades fue que había “4.000 aviones en el aire”, dificultando la identificación de amenazas. Sin embargo, de todos esos vuelos, solo cuatro habían apagado sus transpondedores, convirtiéndose automáticamente en objetivos prioritarios para los radares militares.


El vuelo 77 y el ataque al Pentágono


El último contacto con el vuelo 77 ocurrió a las 8:50. Seis minutos después, el transpondedor fue apagado.


Según documentos y testimonios posteriores, el Pentágono y el Centro Nacional de Comando Militar ya discutían activamente qué hacer con el avión mientras este seguía en el aire.


El entonces secretario de Transportes, Norman Mineta, declaró ante la Comisión del 11-S que Dick Cheney había dado una orden antes de las 9:20, minutos antes del impacto contra el Pentágono.


No obstante, la naturaleza exacta de esa orden nunca fue aclarada públicamente.



La versión oficial sostuvo que el NORAD no fue informado hasta las 9:24. Sin embargo, para ese momento ya habían impactado dos aviones en Nueva York y el país sabía que estaba bajo ataque.


Aun así, los cazas fueron enviados desde bases más lejanas, mientras que la Base Andrews —ubicada a pocos kilómetros del Pentágono— no recibió órdenes inmediatas de intervención.


El vuelo 93: contradicciones finales


El vuelo 93 es probablemente el caso más confuso de los cuatro.


Inicialmente, el NORAD afirmó que el secuestro comenzó a las 9:16. Más tarde, la Comisión del 11-S modificó la cronología y fijó el inicio a las 9:28, sin explicar claramente el cambio.


Controladores aéreos reportaron movimientos erráticos, gritos y voces provenientes de la cabina. A las 9:36, el avión giró en dirección a Washington.


Sin embargo, nuevamente no hubo una interceptación efectiva.


La hora exacta del impacto también presenta inconsistencias. Mientras el NORAD indicó las 10:03, un estudio sísmico situó el choque a las 10:06.


Testigos presenciales reportaron además la presencia de un avión militar sin marcas sobrevolando la zona y describieron un cráter mucho menor al esperado para el impacto de un Boeing comercial.


Periodistas y primeros respondedores señalaron la ausencia de grandes restos visibles, fuego intenso o cuerpos identificables en la escena.



Protocolos que dejaron de funcionar


Uno de los puntos más debatidos sigue siendo el comportamiento del sistema de defensa aérea.


En los doce meses anteriores al 11-S, los protocolos de interceptación habían sido activados 67 veces ante aviones sospechosos o incomunicados. En todos los casos, los cazas lograron contacto visual en menos de 15 minutos.


El 11 de septiembre, esos mismos protocolos fallaron simultáneamente cuatro veces.

La explicación oficial habló de “fallos de comunicación”, “confusión” y “falta de preparación para un ataque de ese tipo”. Pero críticos de la versión oficial sostienen que la magnitud de las fallas excede lo atribuible a simples errores humanos.


Las preguntas que siguen abiertas


Más de veinte años después, muchas de las incógnitas fundamentales siguen sin respuesta definitiva:


  • ¿Por qué se demoró la activación de cazas?

  • ¿Por qué las bases más cercanas no actuaron?

  • ¿Por qué las cronologías oficiales cambiaron repetidamente?

  • ¿Quién tomó realmente las decisiones críticas aquella mañana?


El 11-S no solo redefinió la política internacional y la seguridad global. También dejó una serie de vacíos y contradicciones que continúan alimentando el debate histórico sobre lo que ocurrió realmente aquella mañana.


 
 
 

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